dimecres, 18 de maig del 2016

Janine Jansen, en el Principal

El lunes, 16 de mayo de 2016, tuvimos ocasión de asistir a un concierto en el Teatro Principal de Alicante a cargo de Janine Jansen y un pianista acompañante. Para ser justo, el pianista no era un desconocido, sino que está reputado como uno de los mejores pianistas acompañantes del momento. Era Itamar Golan, y solo por él, ya valdría la pena haber asistido al concierto.

Sin embargo, la vida es así de injusta. Janine Jansen aúna juventud, belleza y talento y todo eso se traduce en un apoyo incondicional del público que cayó rendido a sus pies. No era para menos. El repertorio era arriesgado en la primera parte y complaciente en la segunda. En la primera, la sonata para violín y piano nº 2 de Brahms y la sonata para violín y piano nº 2 de Bartók. En la segunda parte, Danzas populares rumanas, de Bartók; varias piezas de Kreisler; y el remate final, Manuel de Falla.

Aficionados como yo, de formación limitada en materia musical, no tenemos un juicio fundamentado en criterios técnicos y artísticos para evaluar la interpretación de los artistas. Sólo un conjunto de sensaciones nos sirve de guía, pero debemos reconocer que estas, a menudo, están condicionadas por aspectos que no tienen nada que ver con la música, como el cansancio acumulado a lo largo del día o alguna molestia o preocupación que nos obsesiona.

Sin embargo, hay momentos "felices" en los que podemos vislumbrar el placer estético que arrebata a algunos de nuestros vecinos del patio de butacas -más bien, a los del piso de arriba- como cuando la ejecución intensa de un pasaje nos tensa y nos hace erguirnos en el asiento. Especialmente intensa es la sensación al terminar una interpretación de una pieza o de un tiempo, cuando el pianista permanece inmóvil dejando que las vibraciones de las cuerdas y los sonidos vayan apagándose. En estos momentos, con un auditorio de ochocientas o mil personas inmovilizado en la quietud más absoluta, el silencio cobra vida y densidad. A veces ocurre, sin embargo, que la impaciencia de algún entusiasta rompe la magia del momento con sus aplausos.

En cuanto al caso que nos ocupa, la actuación de Janine Jansen fue un triunfo sin paliativos de la joven diva.