dilluns, 28 de setembre del 2015

La cabeza alta

"La tête haute" (La cabeza alta) cuenta la historia de un muchacho desde su infancia hasta la primera juventud. El protagonista crece en un ambiente nada confortable, con una madre drogadicta y desequilibrada y un hermano más pequeño. La madre, a su manera, le quiere, pero no deja de reprocharle su comportamiento, de rechazarlo en los momentos de crisis o de recriminarle su incapacidad para acomodarse a las exigencias de la sociedad y de sus representantes. En ese ambiente, el joven desarrolla una personalidad agresiva, fruto de la desesperación que siente por no poder escapar del círculo vicioso, mezcla de violencia, pobreza y desesperanza en el que se encuentra inmerso. No se trata, si embargo, de una violencia cínica y perversa, sino rabiosa y desorientada, sin objetivo alguno, hasta el punto de concretarse en las personas que más quiere o en él mismo. Resultan impagables la escena del masaje que recibe a cargo de la enfermera del centro de menores o su reacción ante la declaración de amor de su compañera. Por su parte, las medidas que le ofrecen los servicios sociales o la juez de menores son siempre las mismas y siempre fracasan, es más, la propia reiteración de las mismas le lleva a rechazarlas: rehabilitación en centros "especializados", rodeado de otros adolescentes como él y de educadores que bastante tienen con hacer su trabajo lo mejor que pueden e intentar salir indemnes de un ambiente tan poco cordial. 

"La tête haute", de Emmanuelle Bercot, es un nuevo ejemplo del cine social francófono. En concreto, de aquel que tiene como tema principal la dificultad de vivir y crecer en un entorno hostil o nada amable. Es una larga tradición que se remonta al menos a "Les 400 coups" de François Truffaut y que ha proporcionado notables ejemplos en los últimos años: "Ça commence aujourd'hui", de Bertrand Tavernier; "Entre les murs" de Laurent Cantet, son algunos de ellos, ambos desde el punto de vista del educador. En otro orden de cosas, mucho más sórdido, el cine de los hermanos Dardenne también nos ofrece buenos ejemplos de este subtema del cine social, por ejemplo "L'enfant" o "Rosetta".

A mi modo de ver, resulta muy complicado acometer este tipo de trabajos sin incurrir en tópicos o en juicios morales, pero todos los ejemplos citados evitan con éxito este riesgo. Algunos, adoptando un aire casi documental, como ocurre con el film de Laurent Cantet, consiguen crear un falso distanciamiento a través de una cámara objetiva -plano fijo, panorámica o plano de situación- que se limita a registrar lo que ocurre sin intervenir. Otros, por el contrario, pegan la cámara a la piel del protagonista y se mueven a su ritmo, cerrando el plano para hacer aún más agobiante el ambiente en el que se desarrolla la historia, como ocurre en "Rosetta". 

En "La cabeza alta" no hay un tratamiento tan extremo de los recursos estilísticos como en los anteriores films, la cámara se mueve en un plano intermedio, testigo mudo de lo que ocurre en cada momento, con algunos planos cortos en momentos de mayor crudeza. Sin embargo, en los ataques de ira del protagonista o de violencia entre los compañeros de reclusión, la cámara permanece al margen, sin involucrarse. 

Es interesante también destacar el tratamiento de las distintas instituciones ocupadas en reconducir la vida del muchacho: Catherine Deneuve en el papel de una juez de menores, maternal, y a punto de jubilarse; el joven fiscal, partidario de medidas duras; Benoît Magimel, en el rol del educador de pasado oscuro; el abogado bienintencionado; la cárcel sin esperanza, los centros de menores... todo un ejército de rehabilitadores, un montón de recursos en juego, de esfuerzos sin par que no consiguen pese a ello su propósito. Al cabo, lo único que realmente necesita el joven, es alguien que le quiera, alguien a quien querer.

Aunque el final de la película deja un halo de esperanza, me pregunto cómo continuará la historia. Y aquí, no puedo dejar de recordar algunas de las imágenes terribles de "L'enfant", de los hermanos Dardenne. No en vano otro de los aspectos que unifica todas estas películas es la ausencia de banda sonora. Se trata, en definitiva, de vidas sin música.